EL PÚBLICO

Si entendemos como esencia, la parte sin la cual una cosa deja de ser esa cosa, la esencia del teatro es el público . Una función sin público se llama vulgarmente ensayo general. Puede haber teatro sin teatro, sin escenografía, sin actores, sin historia, pero no hay teatro sin público. Era el profesor Agustín García Calvo quien sostenía que un partido de fútbol es una obra de teatro, una formidable improvisación a partir de unas reglas y con un público interactivo (el problema a veces es delimitar el escenario).

Estás trabajando en un despacho de una gran ciudad con vistas a la calle. Haces un receso y te distraes mirando los coches pasar, los peatones cruzando, unos que descargan una furgo. Ellos son actores entonces, porque tú les miras. Todos somos actores inconscientes.

Pero esperad que vuelva a La Tierra. Vamos a centrarnos en el teatro voluntario y consciente. Pero el público sigue siendo su esencia.

Por tanto trabajamos para que un público, cautivo o no, nos vea (público cautivo se llama a aquel público previamente pactado, por ejemplo en campaña escolar; la taquilla no está abierta entonces a cualquiera). Buscar el público, seducirle y sentarle en la butaca es el objetivo principal: Anunciarse en la prensa (convocatorias), editar carteles y distribuirlos con criterio (a veces una simple cartulina blanca y un rotulador son las únicas herramientas necesarias). O mejor, proporcionar entradas tete à tete.

Por eso cuando tengamos esa especie de reunión fundacional (no se os olvide levantar acta) debemos tener claro qué queremos contar, porqué estamos ahí. Y esa claridad de ideas nos indicará cuál es nuestro público. Vendrán a vernos amigos, papás y abuelitas, pero nuestro público, el que viene seducido por lo que vamos a contar, ese es el que cuenta de verdad, el que te va a juzgar con más ecuanimidad.

¿Y la entrada? ¿Cobramos? Que no os lo impidan esas razones de falsa modestia: No merecemos cobrar. Cobrar o no es una cuestión de reclamo al público (¿vendrá más si cobramos o si no lo hacemos?). En las universidades americanas el rectorado solo financia las dos primeras obras del grupo, el resto tiene que autofinanciarse. Solo el rectorado vuelve a intervenir económicamente en casos excepcionales de apuestas de riesgo y calidad que salieron mal. Aquí no hay que ser tan tajantes, pero cobrar no es ningún tabú. Eso sí, debéis estar legalmente autorizados para ello y declarar los ingresos. No es tan complicado. Asesoraos. Una asociación cultural sin ánimo de lucro es la mejor fórmula en los grupos universitarios.

El dinero recaudado debe servir para mejorar vuestros espectáculos futuros o financiaros algún curso extra, de verano por ejemplo, con albergue y convivencia. Debéis vender cuantas más entradas mejor. Invitar al rector, director del centro y demás autoridades académicas, pero a nadie más. Y a los papás y abuelitas les cobráis doble (eso sí, elaborad para ello un entrada de lujo que luego sirva de recuerdo, tened algún detalle...). No perdonéis. Los papás y abuelitas lo pagarán encantados si el espectáculo merece la pena.

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